X
    Categories: NoticiasTecnología

A diez años de su abolición, la silla eléctrica da pelea

Su sola visión causa pánico. Instaurada a fines del siglo XIX como método de ejecución -en una época en la que los derechos humanos no eran una especial preocupación para la gente- la silla eléctrica recibió infinidad de críticas desde sus inicios por ser uno de los procedimientos de exterminio más crueles ideados por el hombre

El 8 de febrero de 2008 su utilización fue declarada inconstitucional por la Suprema Corte del estado de Nebraska, EE.UU., el último donde estaba permitida. Desde entonces, se mantiene como método opcional a voluntad del condenado, al igual que la horca y el fusilamiento, aunque sobran los dedos de una mano para contar a los valientes que eligen sentarse en ella. El último fue Robert Gleason, quien murió en la silla en enero de 2013 en Virginia.

La silla eléctrica fue un invento de un empleado de Thomas Edison llamado Harold Brown. Edison lo había contratado para desarrollar una máquina para ejecutar reos basada en el sistema de corriente alterna (CA), que era menos rápida y menos eficiente que la corriente continua (CC) en la que Edison basaba su trabajo.  Es que había una interna con Nicola Tesla, que impulsaba la CA: se dice que Edison quería imponer su CC para el uso doméstico y, por lo tanto, necesitaba convencer a la justicia de que la CA era mejor aplicarla a las ejecuciones. Como buen comerciante, temía que nadie quisiera usar en su casa la misma corriente con la que se aniquilaban seres humanos.

Al final ganó Edison y después de probar su técnica en animales (frente a la prensa), la CA se estrenó el 6 de agosto de 1890 en William Kemmler, condenado a muerte por asesinar a su madre con un hacha.

Como toda herramienta nueva, la cosa no salió bien en su presentación en sociedad y el señor Kemmler necesitó dos intentos para morir. La ejecución fue nauseabunda tanto para el protagonista como para los presentes, que tuvieron que soportar los gritos de dolor y el olor a carne quemada.

Aunque fue cuestionada por su salvajismo desde el vamos, el uso de esta tenebrosa silla se extendió rápidamente en los Estados Unidos donde logró una de sus peores cosechas en 1929, cuando siete personas fueron ejecutadas por turno en Kentucky.

A partir de 1950 el enchastre que significaba despegar del equipo los restos de piel quemada -y muchas veces limpiar la materia fecal que despedía el cuerpo con la primera descarga- llevó a las autoridades a buscar algo mejor.

Fue entonces que apareció la cámara de gas, que fue ganando terreno hasta que en los años ’70 varios estados dejaron de lado la silla, quedando como método opcional.

La historia de la silla eléctrica alberga algunas horrendas anécdotas que aceleraron su caída en desuso. No solamente por el espectáculo siniestro que ofrecían sus ejecuciones sino también por los casos en los que se incendiaba la cabeza de un reo, o cuando las fallas en la preparación del equipo obligaban a reacomodarlo mientras el desdichado se retorcía de dolor. Tampoco faltaron los avivados, como Willie Francis, quien en 1946 sobrevivió por una mala instalación e intentó -sin éxito- que se diera por cumplida la sentencia.

Finalmente, el 8 de febrero de 2008, Nebraska -último estado norteamericano que la seguía utilizando- la dejó de lado luego de ser abolida por inconstitucional.

La silla sigue enchufada

Hoy el método que se impone por lejos es la inyección letal, aunque también tiene sus bemoles. En 2014 Clayton Lockett tuvo una tremenda reacción a la droga que le inyectaron y padeció varios minutos antes de sufrir un paro cardíaco. Hace poco Alva Campbell sobrevivió a la inyección porque sus problemas de salud producto de su avanzada edad hicieron imposible hallar una vena para aplicársela, y ahora espera un nuevo intento.

Sin embargo, la silla no está totalmente derrotada. En mayo de 2014 los laboratorios europeos que comercializaban las sustancias utilizadas en la inyección letal empezaron a cancelar los envíos por una prohibición de las leyes europeas, lo que llevó al gobernador de Tennessee a sacar una ley para utilizar la electrocución en caso de no contar con el fármaco, quiera o no quiera el preso.

La iniciativa causó indignación, revuelo y la presentación de recursos legales, pero ahí está, y otros estados se disponían a imitarla.

Por ahora la situación se mantiene, de hecho la primera ejecución de 2018, efectuada el pasado 18 de enero, se llevó a cabo con inyección letal, pero el problema con la entrega de las sustancias no está cerrado. De manera que la vieja y temible silla eléctrica todavía no está vencida y podría seguir dando pelea.

 

J. Tanos: