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El Gobierno aplicará un método israelí que mejora un 34% el rendimiento de los alumnos en matemática

Las últimas pruebas Aprender confirmaron lo que hasta entonces era una suposición: los chicos argentinos tienen un pobre nivel en matemática. De la necesidad se imponen distintas métodos pedagógicos, alejados de los mecanismos más clásicos, para paliar la problemática. En un acuerdo de cooperación con el Ministerio de Educación de la Nación, seleccionaron a Matific para promover 5.200 licencias para el cuarto grado de primaria en más de 100 escuelas públicas del país.

Hoy Matific ya cuenta con presencia en 50 públicas y 12 privadas, pero este año continuarán con su expansión y superarán el centenar de instituciones. Se trata de una plataforma de e-learning con un abordaje didáctico destinado a alumnos de jardín hasta sexto grado. Enseña a través de juegos interactivos y actividades prácticas que prefieren llamar episodios. Cada episodio, de los 2 mil que poseen, dura entre 5 y 15 minutos e introduce un concepto matemático específico.

La start-up surgió en Israel hace tres años. Sus primeros resultados atrajeron la atención de otros cuarenta países donde hoy están instalados. Un estudio de Western Sydney University en 2016, que siguió la evolución de los chicos israelíes durante un año, arrojó que el 91% elevó su compromiso hacia al aprendizaje y que mejoraron sus notas en los exámenes de matemática en un 34%.

Una cuestión central para ellos es insistir en que la plataforma no reemplaza el rol docente, sino que lo complementa. “Se basa en la relación de las tres partes: docente-alumno-dispositivo. Nuestra plataforma complementa el aporte del docente; es él quien asigna las actividades y planea las lecciones”, explicó a Infobae Nicolás Falus, responsable de la implementación de Matific en Argentina.

Para ello, los docentes reciben una capacitación presencial o virtual de parte de la compañía. De igual modo, destacan, la plataforma busca ser simple e intuitiva. “La capacitación es más complementaria y termina sirviendo para debatir cómo dar las lecciones y no para enseñarles cómo usarla”, indicó Falus.

Dentro de la plataforma, al docente también se le ofrece contenido pedagógico. En los “planes de lecciones” se los ayuda a guiar la enseñanza, a “sacarle el máximo provecho a la tecnología”. Cada vez que un chico resuelve una actividad, ya sea en la escuela o en la casa, se emite un informe en tiempo real.

Los informes siguen la evolución del alumno a lo largo de la cursada. De la comparación con sus compañeros se abren los caminos a seguir. Cuando un chico presenta dificultades, no logra resolver los ejercicios, la misma plataforma propone actividades adicionales que el docente puede aceptar o no. En cambio, cuando un alumno supera sin ningún inconveniente los juegos, se recomiendan desafíos más apremiantes. La idea es personalizar la clase y atender las necesidades de cada uno.

Hoy tienen 1,6 millones de estudiantes a nivel mundial y más de 3 millones de actividades realizadas. Un equipo multidisciplinario de Israel -compuesto por matemáticos, ingenieros en software y especialistas en juego- confeccionó la aplicación. Uno de sus sus puertas creen que es su capacidad de adaptación. “Tenemos una persona que trabaja solamente en que el producto sea argentino, no una mera traducción del inglés al castellano”, sostuvo Falus.

Uno de sus diferenciales, dicen, es su concepción lúdica. Se gestó como un juego para mantener el interés del chico, muchas veces disperso en las clases tradicionales. Los episodios se desarrollaron con un entorno gráfico y sonoro que invitan al aprendizaje y buscan convertir al alumno en protagonista. Para su implementación se debe pagar una licencia anual por alumno. El precio varía según la cantidad requerida, pero aseguran que está por debajo del 10% del valor de una cuota en un colegio privado.

En general, se usa en forma individual, cada uno con su usuario, pero algunos colegios prefieren fomentar el trabajo colectivo entre dos chicos, que discutan las posibles soluciones de una actividad y lleguen a una conclusión a través del diálogo. Cuando se equivocan, el sistema no emite un castigo. “Lo que la hace diferente es, principalmente, la naturaleza gratificante de sus ejercicios”, aseguró.

Jorge Tanos :