Incendios: más del 70% de los campos no tiene las picadas hechas

La llegada del Ministro de Ambiente y Desarrollo Humano, el rabino Sergio Bergman, lejos de bajar la temperatura la subió, lejos de apagar las llamas la reavivó. Las redes sociales son una muestra.
Sin argumentos y hechos que puedan justificar al funcionario nacional, los representantes locales del gobierno nacional arremeten contra la política provincial. Nada mejor que un buen ataque como mecanismo de defensa, y esa parece ser la estrategia del Cambiemos pampeano.
Resulta muy difícil y hasta imposible defender la llegada de Bergman a ese lugar (el Ministerio) y menos justificar el año de gestión al frente de esa cartera. Subir la categoría de Secretaría a Ministerio no garantiza que se eleve políticamente el tema y el área ambiental del gobierno de Mauricio Macri es la mejor muestra de ese “ambientalismo de papeles”.
Si bien es cierto que no se sabía si llegaba o no de Berman a la zona de los incendios, lo que sí se esperaba es que este año iba a ser duro y que una chispa podía generar un desastre. Los hechos, otra vez, son la mejor confirmación.

Pérdidas.
Cuando pasan las llamas queda un lamento. Miles de metros de alambrados, postes, ganados muertos, pasturas, establecimientos, cenizas… y hasta vidas humanas. Las pérdidas económicas son millonarias (1.300 millones, según datos parciales).
Dice que la mejor acción es la prevención pero pocos prestan atención. Hace años el Estado Provincial compró 8 tractores de última generación con sus rastras para que los productores hagan y limpien las picadas (ver recuadro). Son obligatorias las picadas y las debe hacer y financiar los dueños de los campos. Sin embargo, y aun cuando el Estado subsidia con maquinarias, personal y combustible, la mayoría de los campos (más de 70%) no tiene las picadas o no están limpias.
Y el detalle no es menor. Resultan fundamentales al momento de combatir los incendios. Pueden detener total o parcialmente el avance de frente de incendio. Pero también son las rutas de ingreso para que los equipos de trabajo puedan ser efectivos.
El Estado subsidia metódicamente al campo. Si lo hace en épocas buenas o de “bonanza” con excepciones impositivas, con líneas crediticias y financieras, es lógico y entendible que lo implemente cuando se está frente a una emergencia.
Sin embargo, cuando las llamas (o las aguas) se calman, la normalidad es dejar de hacer las picadas y rara vez se compromete el sector en prever el verano y los incendios. Más allá de los reclamos a los Estados, son pocos los antecedentes del sector en gestionar políticas preventivas contra las llamas.

Figurita repetida.
Los incendios son la vedette del verano. Siempre lo fueron en esta parte del mundo. Dicen los expertos que el origen es natural y también es responsabilidad del hombre (70/30%, dicen).
La media en La Pampa es de unas 300 mil hectáreas. Hay que recordar que llegamos a multiplicar por 13 esa media y fueron más de 3,5 millones las que se quemaron a principios del 2000. Hoy, entre diciembre y enero no llegamos a aquel triste récord, pero triplicamos la media y esto recién comienza…
Según la opinión de expertos, los incendios son la principal amenaza ambiental en la zona (“tanto o más que el drama del río Atuel”, se anima a opinar un recursólogo). Dicen que modificó el ecosistema del bosque de caldén, del monte y de los pastizales. También que pueden ser la carta de defunción del caldenar, pronostican.
Por eso el área de Defensa Civil del Gobierno de La Pampa es una estructura histórica en la provincia con mucha experiencia acumulada. Son organismos que funcionan con “buenos” y “malos” gobiernos.

Esfuerzo.
Sin embargo no es un detalle menor que durante la gestión anterior en DC los resultados fueron contundentes. La mayoría de los veranos la media fue inferior a la histórica según las estadísticas oficiales (a excepción de la temporada 2013-2014 que llegó hasta las 485.000 hectáreas quemadas. Ver gráfico).
Se preveía un año complicado. Pero también lo fueron los años anteriores. Por eso el viejo reclamos de mayor presupuesto, de las condiciones laborales de los brigadistas, de unificar medidas, etc, atraviesa gobiernos y gestiones.
Frente a la frágil presencia política de Nación, la provincia debería duplicar el esfuerzo. “Todavía no está afectado de manera dramática el caldenar, pero si lo alcanza los incendios va a ser un desastre”, dijo un viejo brigadista que ve con “dolor” como las llamas devoran bosques, montes y pastizales.

Los tractores, están.
A fines del año 2010, el gobierno de La Pampa recibió 8 tractores con sus rastras para la limpieza de picadas (en aquel entonces fue una inversión de 3,5 millones de pesos). El equipamiento fue financiado por el Prosap, un organismo del Ministerio de Agricultura y Ganadería de la Nación, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner.
La propuesta era que el equipamiento para el mantenimiento de picadas iba a ser administrado por organizaciones de productores. Sin embargo, el Estado provincial no pudo lograr (pasados algo más de seis años de aquella entrega), el compromiso de los productores aún cuando, además de las maquinarias, el gobierno también subsidiaba con el personal y hasta el combustible.
Las picadas son fundamentales para combatir los incendios en esta región del país. Aún así, y a pesar de que son los mismos productores los que ven quemados sus campos, su ganado y hasta sus propiedades, un 70% de las mismas no están en condiciones.

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