Lunares y verano: a cuidar mucho la piel de los niños

Los lunares son objeto de especial atención por parte de los dermatólogos, porque en los denominados malos puede estar el inicio del cáncer de piel. Y la atención es cada vez más grande y arranca desde la primera edad, cuando las marcas en el cuerpo –la mayoría producidas por el contacto con el sol– comienzan a aparecer, en general de manera inofensiva, aunque hay que estar más que en guardia porque el efecto del sol sobre sus cuerpitos puede ser dañino. Según la dermatóloga pediátrica del Garrahan Agustina Lanoel, las personas nacen con un 1% de los lunares que tendrán a lo largo de su vida. “Cuando vemos a un bebé, en general, no tiene lunares. Hay un pico que se da entre los tres y los seis años, que es cuando el chico ya recibió las primeras exposiciones al sol en la que empiezan a salir lunares”, señala.

Claro que no es la única etapa. En la adolescencia o el embarazo, por ejemplo, salen nuevos lunares y algunos que ya estaban cambian de tamaño. Los especialistas se preocupan cuando, a simple vista, hay situaciones en la piel que se van de lo común. Dentro del parámetro de normalidad, se espera que un lunar tenga un tamaño menor a seis milímetros y que sea simétrico. Otro elemento a tener en cuenta es su coloración, que debería ser uniforme. Cuando los lunares de los chicos tienen dos o tres colores, eso es un motivo de consulta. Y si evolucionan, es decir que desde su aparición cambia de color, forma o tamaño, también debe verlo un especialista, lo mismo que si se lastiman o comienzan a picar.

El verano, lógicamente, es la época en la que más hay que prevenir. El sol es mucho más fuerte y los días, más largos. Pero ojo: prevención no significa prohibición (salvo algún caso puntualmente indicado). Si bien actualmente hay mucha más conciencia que años anteriores, una consulta con un dermatólogo puede ayudar a determinar qué tipo e protección solar necesitan nuestros hijos (y también los adultos) en función de su piel.

Dentro de las principales pautas de buena convivencia con el sol, está evitarlo entre las diez de la mañana y las cuatro de la tarde, usar ropa adecuada y gorro para protegerse, que los chicos se acostumbren desde temprana edad a usar gorritos pilusos y a preferir la sombra, y tomar precaución en la playa porque tanto el agua como la arena reflejan los rayos y eso aumenta la exposición. En los niños, el factor de protección no debería bajar de 30 y es clave que el producto sea de buena calidad y amplio espectro, es decir que proteja contra los rayos UVA y UBV.

Hasta un año

A los bebés mejor guardarlos del sol

El uso de fotoprotectores está aprobado solamente a partir de los 6 meses de vida. Sin embargo, aún con la protección adecuada, no se recomienda exponer al sol de manera directa a menores de un año de edad. Y, en general, las pieles claras necesitan más protección que las oscuras.

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