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Naftas: se insinúa un mercado con fuertes desbalances

En la Argentina, hay 8 refinerías que producen casi el 100% del combustible que se consume en el país. De ese total, 3 son de YPF: las de La Plata, Luján de Cuyo y Plaza Huincul, que tienen capacidad para procesar unos 320.000 barriles de petróleo diarios. Además, la petrolera de mayoría estatal tiene una participación de control en la planta de Refinor en Salta con capacidad para otros 26.000 barriles.

En una segunda franja, Shell en la refinería de Dock Sud puede procesar 110.000 barriles por día y Axion en la planta de Campana tiene capacidad para 90.000 barriles, con el objetivo de incrementar a unos 140.000 barriles en tres años.

En la tercera franja se ubican Pampa Energía con la refinería de Bahía Blanca (32.000 barriles diarios) y Oil con la planta de San Lorenzo (30.000 barriles diarios).

De esas empresas, YPF tiene que comprar petróleo a terceros o importarlo por 70 a 90.000 barriles diarios si quiere utilizar al 100% su capacidad de refinación, pero en los últimos ejercicios disminuyó esas adquisiciones aun a costa de producir menos combustibles, para no perder rentabilidad.

Cuando se concrete la fusión de Pan American Energy (PAE) con Axion, el volumen de petróleo que produce la primera alcanza e incluso sobra para la refinería de Campana, que está preparada además para procesar el crudo pesado (variedad Escalante) que la petrolera obtiene en el Golfo de Chubut. Incluso a medida que aumente la capacidad de procesamiento, PAE podría incrementar la producción en Cerro Dragón, que dejó de bombear al máximo en el último año para reducir los excedentes exportables debido al precio internacional.

Por su parte, Pampa produce actualmente un tercio del petróleo que puede utilizar la refinería de Bahía Blanca si opera al 100%, mientras Shell y Oil no tienen petróleo propio. Estas tres compañías son las que quedarán en la situación más desventajosa cuando PAE empiece a funcionar con la integración vertical del negocio, como actualmente lo hace sólo YPF.

Se puede considerar además que Shell como subsidiaria de la empresa anglosajona y mientras se pueda importar crudo con pocas restricciones y a precio conveniente, podría sobrellevar con éxito el escenario que se avecina.

Pero una de las incógnitas que están planteadas en este negocio es si Shell quiere vender sus activos de refinación y comercialización en la Argentina. Si realmente tiene un proyecto en ese sentido, el cambio de contexto que implica la integración de PAE podría desalentar a jugadores sin petróleo propio. O, por el contrario, alentar a los que sí tienen crudo como Pluspetrol.

En tren de especulación, no puede descartarse de entrada que la nueva PAEG, como se llamará, no mirará los activos de Shell, sobre todo porque la refinería de ésta en Dock Sud es una de las más modernas del país, y usa petróleo liviano en vez de pesado, en momentos en que PAE precisamente está incursionando en nuevas áreas de Neuquén donde se espera extraer ese tipo de crudo.

Este cuadro de situación en cuanto a las empresas coincide con la decisión del Gobierno, como ya lo dijo el ministro de Energía, Juan José Aranguren, de alinear los precios internos con los internacionales en los primeros meses de 2018.

Esa iniciativa podría dejar perjudicados tanto entre productores de crudo como refinadores. Entre los primeros, porque si tienen yacimientos que requieren recuperación secundaria o terciaria para extraer petróleo, los costos pueden superar los valores internacionales, como dijo Techint que le ocurre en El Tordillo.

Y entre las refinerías, porque tendrán menos espacio (y menos ganancia) para acomodarse a los precios internacionales si éstos permanecen en los niveles actuales, que YPF y PAEG que ya procesan el 74% del crudo con que se produce el total de combustibles en el país.

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