A 100 años del Titanic, los gigantes del mar no pasan de moda…

La historia del Titanic sobrevive a los años porque su épica es universal. Desde siempre el hombre ha desafiado las alturas, las distancias y las profundidades pero aquella noche de abril, la naturaleza nos doblegó la arrogancia.

Dentro de esa historia grande hay otras más pequeñas, algunas emotivas otras técnicas y especulativas y también conspirativas. Una mezcla de infidencias y tecnología ha permitido correr ese velo que la historia le impone a los hechos y descubrir, o al menos estar más cerca, del motivo del naufragio y el posterior descubrimiento de los restos.

Si hay una cosa certera es que el arqueólogo submarino Robert Ballard (1942), descubrió los restos del Titanic en 1985. Pero no lo habría podido lograr sin un socio que se mantuvo secreto por décadas. Ballard buscaba el Titanic desde 1982 y consultó a la marina de EE. UU. para intercambiar conocimientos y tecnología que sumara al proyecto. La Marina aceptó el trato con una contraoferta: el científico tendría que colaborar en la búsqueda de dos submarinos atómicos perdidos aprovechando el paraguas de la expedición titánica.

En 1963, el submarino Thersher se hundió frente a la costa noreste de EE. UU. provocando la muerte de los 129 hombres. En 1968, otro submarino, el Scorpion, desapareció en el noreste del Atlántico. Para muchos el Scorpion había sido una represalia a la desaparición en el Pacífico del submarino ruso K129. Ballard encontró los dos submarinos y aún le quedaban doce días de la misión en que podría aprovechar la tecnología militar y la experiencia adquirida en el Atlántico Norte sobre las corrientes submarinas. El 1 de setiembre a las 12,48 las sondas del buque oceanográfico detectaron un metal retorcido que señalaba la tumba marina del M. S. Titanic.

Remaches defectuosos

El Instituto de Física de Reino Unido (IOP) afirma que el hundimiento del trasatlántico se debió a “una cadena de circunstancias”, entre ellas defectos en su construcción y la mala calidad de los materiales. La composición y calidad de los remaches que sujetaban las planchas de acero del casco no era homogénea ni estaban colocados de igual manera.

Los remaches de la popa y la proa fueron colocados a mano ya que la remachadora hidráulica no podía funcionar en las zonas de curvas más pronunciadas. También tenían más impurezas lo que los hacía frágiles al esfuerzo de zisalla. El trozo de chapa analizado por los expertos metalúrgicos Tim Foecke y Jennifer Hooper mostraba que no estaba cortada sino que la presión del iceberg hizo saltar los remaches quedando las chapas abiertas.

No fue una sola fisura sino que fueron seis pequeñas grietas separadas pero que inundaron cinco compartimentos estancos cuando el Titanic garantizaba flotabilidad con sólo tres o cuatro compartimentos inundados.

El “Titanic” obtuvo la “banda azul”.

FALSO. El premio al cruce transatlántico más veloz fue para el “Mauretania”. Con una potencia de 51.000 caballos frente a 78.000, el “Titanic” iba a ser un día más lento. “Los dueños del ‘Titanic’ apostaban por el lujo”, dice Tolan. “El viaje debía ser tan agradable que a uno no le molestara pasar un día más a bordo”.

El “Titanic” viajaba demasiado al norte.

FALSO. De hecho, había una ruta de invierno y una de verano. La última era más corta, pero más al norte, y por eso más cercana a los icebergs. Sin embargo, el “Titanic” viajaba en la ruta invernal sur, e incluso algo más al sur que de costumbre debido a una advertencia de hielos.

El “Titanic” estaba hecho de acero malo.

FALSO. El “Titanic” era increíblemente lujoso para sus pasajeros y extremadamente moderno para la tripulación. Según Tolan, “el acero era igual de bueno o malo que el de cualquier otro barco en esa época”.

La cuarta chimenea del “Titanic” era falsa.

VERDADERO. La última chimenea fue agregada porque en esa época, un barco de ese tamaño debía tener cuatro chimeneas. Sin embargo, la chimenea no era puramente falsa: servía para la ventilación de la nave.

El iceberg causó una rajadura de varias decenas de metros en el “Titanic”.

FALSO. “Si se pasa un carámbano por la superficie de un auto, se ralla, pero no se agujerea. Es demasiado blando”, dice Tolan. No hubo una gran grieta, sino muchas pequeñas, que se repartieron a lo largo de 30 metros sobre las seis primeras secciones del barco. Allí se fueron encimando las placas de acero remachado. Las grietas en el “Titanic” eran del tamaño de un metro cuadrado, no mucho más grande que un periódico abierto.

A bordo había menos botes salvavidas que los establecidos.

FALSO. “Incluso había de más”, afirma Tolan. Sin embargo, eran pocos para que todos tuvieran espacio en ellos. Las normas de ese momento estaban obsoletas en vista del tamaño del barco.

Se salvó sobre todo a los pasajeros de primera clase.

FALSO. “Se salvó sobre todo a mujeres y niños, más allá de su clase. En el caso de los hombres de clase alta, la tasa de supervivencia es más alta que en el caso de los de tercera clase, pero eso se debió a otras causas: estaban más arriba, tenían formación y hablaban inglés”, explica Tolan. Antes de que las personas bajo la cubierta se dieran cuenta de qué estaba pasando, ya era demasiado tarde para algunos. “Pero hablar de una tendencia consciente por salvar a las clases más altas es una tontería. Los hombres que menos sobrevivieron, con un porcentaje del ocho por ciento, fueron los de la segunda clase. Incluso en la tercera sobrevivieron el doble, un 16 por ciento”.

El “Titanic” se partió en dos.

VERDADERO. “Físicamente no podía pasar otra cosa. En la proa había después de apenas dos horas 40.000 toneladas de agua, y toda la popa pesaba unas 10.000 toneladas. Por eso se partió por el medio. El barco no estaba construido para semejante carga”. Sin embargo, “por suerte” se hundió por la proa. “Si hubiera volcado de costado, se habrían salvado menos personas”.

El remolino generado por el hundimiento del gigante amenazó con “tragarse” a varias personas.

FALSO. “El barco se hundió lentamente. No podía formarse un remolino”, explica Tolan. “Si el ‘Titanic’ hubiera sido arrojado desde una plataforma de diez metros de altura, se habría formado un remolino importante. Pero el barco se hundió lentamente”.

El “Titanic” podría haber sido salvado.

VERDADERO. Al menos en teoría. En caso de que el primer oficial William Murdoch hubiera dado la orden de golpear frontalmente el iceberg, se habrían inundado sólo dos a tres secciones y el “Titanic” no se hubiera hundido. De todas formas, esa habría sido una orden bastante rara.

 

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