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Casarse y divorciarse nunca antes fue tan fácil

El Capítulo 1 del Título I del Libro Segundo del anteproyecto introduce la característica principal que buscó imprimirle la comisión redactora del Código al instituto del matrimonio: libertad e igualdad serán los principios básicos sobre los cuales se cimentará la concepción de la familia.

Esto quedó expresamente indicado en el artículo 402, que alude a la interpretación y aplicación de las normas en este sentido.

“El texto ha tratado de tomar la doctrina y la jurisprudencia (fallos judiciales) respetando la diversidad de modelos de familia que cada uno elige para su proyecto de vida”, concluyó la especialista Ana María Chechile durante una jornada de debate que se realizó en la Facultad de Derecho de la UBA .

Del mismo modo en que adopta la diversidad como característica principal a la hora de la formación del estado de familia, el anteproyecto aborda el divorcio como un remedio a una crisis matrimonial, dejando de lado el análisis de culpas y la celebración de audiencias conciliatorias, tal como sucede en la actualidad.

“En materia de divorcio hay cuatro grandes ejes: la crisis matrimonial se aborda sólo con el divorcio, ya que se elimina la separación personal que rige actualmente. Sólo se puede realizar por vía judicial. Es incausado –no debe probarse ninguna causa específica durante su trámite– y puede ser solicitado por cualquiera de los cónyuges”, explicó durante la misma jornada la doctora Nora Lloveras, quien participó en las comisiones que trabajaron en el anteproyecto.

Los principales cambios:

En cuanto a los impedimentos

– El anteproyecto mantiene como impedimentos para celebrar un matrimonio tener menos de dieciocho años y la falta permanente o transitoria de salud mental que le impide a cualquiera de los cónyuges tener discernimiento. No obstante, el juez podrá “validar” la unión con una dispensa, previa entrevista con la persona que hubiera tenido su capacidad restringida a la hora del acto matrimonial.

– Se suprimió la nulidad del matrimonio por impotencia que prevé el régimen vigente. La comisión redactora entendió que este impedimento atenta contra la dignidad de las personas y es invasivo de la intimidad, según surge en los argumentos del anteproyecto. Además, probar la impotencia de un cónyuge era una tarea muy difícil para quien lo alegaba.

– Plazo. Conocido el impedimento, los cónyuges tienen un año para denunciarlo. El juez tendrá siempre la facultad de escuchar a las partes y confirmar el matrimonio. En la actualidad, no hay un plazo específico en el Código, lo que trae algunos inconvenientes en los juzgados de familia. El plazo de un año también rige en caso de nulidad por vicios en el consentimiento.

Si bien el consentimiento personal de ambos contrayentes es un requisito, se mantiene vigente la posibilidad de celebrar un “matrimonio a distancia”, donde el cónyuge ausente expresa su consentimiento ante una autoridad competente, de acuerdo a lo establecido por pactos internacionales.

El matrimonio en artículo de muerte es otra modalidad excepcional de celebración que prevé que el oficial del Registro Civil prescinda de algunas formalidades en el caso de que alguno de los contrayentes se encuentre en peligro de muerte, con certificado médico.

Derechos y deberes de los cónyuges

– El anteproyecto prevé que los cónyuges se deben asistencia recíproca y alimentos entre sí durante la convivencia y la separación de hecho. Sin embargo, estas obligaciones quedaron relegadas a un plano meramente moral, ya que la disolución del vínculo no está condicionada a su cumplimiento (como se dijo anteriormente, el divorcio no necesita una causa específica para que opere).

– Se suprimió la fidelidad como un deber. El artículo 198 del actual código establece que “los esposos se deben mutuamente fidelidad, asistencia y alimentos”. El anteproyecto (artículos 431 y 432) nada dicen al respecto. La fidelidad será entonces sólo un deber moral.

Causas de cesación del matrimonio

– Las únicas causas para la disolución de un matrimonio son: a) muerte de uno de los cónyuges, b) sentencia firme de ausencia con presunción de fallecimiento, c) divorcio declarado judicialmente.

DIVORCIO

– La principal característica del nuevo régimen es que el divorcio será incausado, es decir, los cónyuges no deberán probar ninguna causa específica para que opere la disolución del matrimonio.

La comisión redactora pensó el  “nuevo divorcio” como un remedio a una crisis matrimonial y no como una sanción a una conducta de los cónyuges. Se busca bajar el nivel de crisis y conflictividad que conlleva el quiebre de la pareja.

El código vigente prevé un sistema de causales objetivas y subjetivas que desaparecen.

– El divorcio opera sólo judicialmente, es decir, el cónyuge que desee separarse legalmente deberá presentar una demanda ante un juzgado.

– El divorcio procederá a petición de ambos o de sólo uno de los integrantes del matrimonio. No es necesario el consentimiento de los dos integrantes del matrimonio.

– Desaparece la separación personal que rige en la actualidad.

– Se suprimen las facultades de conciliación que tenía el juez para convocar audiencias; la Justicia ya no tendrá el deber primario de recomponer la pareja, sino que deberá facilitar el trámite para la ruptura del matrimonio. El nuevo sistema apela a pacificar las relaciones, no a incrementar el nivel de conflictividad.

– Proceso: toda demanda de divorcio debe ser acompañada por una propuesta que regule los efectos derivados. Es un requisito obligatorio. Las propuestas son evaluadas por el juez, que convocará a una audiencia para tal fin.

– La compensación económica es otra novedad que introduce el anteproyecto. El cónyuge que sufra un “empeoramiento” de su situación como consecuencia del divorcio podrá pedir una compensación, que podrá ser acordada o fijada por el juez. Esta compensación opera independientemente de los efectos propios del régimen patrimonial matrimonial.

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