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El sociólogo Manuel Mora y Araujo niega un rebrote nacionalista

El analista Manuel Mora y Araujo afirmó que la UCR coincide con el kirchnerismo en casi todas las políticas sustanciales. «Sólo difiere en las formas, pero nadie define su voto por las formas». Entrevistado por «Río Negro», el sociólogo sostuvo que el único opositor es Mauricio Macri, «aunque por ahora es un líder de la Ciudad de Buenos Aires con escasos aliados estratégicos en el interior».

–Con cuestiones como Malvinas o la nacionalización de YPF, ¿advierte un rebrote nacionalista en el país?

–Hay una vertiente nacionalista que desde siempre asusta en la sociedad argentina, pero no observo un rebrote de ese tipo.

–¿El gobierno trata de medir la reacción social y aprovechar esas «causas nacionales»?

–El gobierno utiliza los temas haciendo pie en las preferencias. Sobre el conflicto de Malvinas la presidenta en Ushuaia fue cambiando de orientación porque se dio cuenta de que a la gente no le interesa, en cambio en el caso de una YPF estatal, por razones puntuales, se dio cuenta de que contaba con un respaldo importante.

–¿Se venía cayendo la imagen del gobierno? Hay quienes sostienen que el embate por YPF se utiliza para «tapar» las denuncias contra Amado Boudou o la causa por el accidente ferroviario de Once.

–Sin duda se estaba registrando una merma en la adhesión a la presidenta, aunque no tan fuerte como algunos sostenían. Es probable que el gobierno trate de «sacar tajada», pero si el tema en danza le gusta a la población no podemos culparla de maquiavelismo.

–¿Cómo explica que el radicalismo le «sirva en bandeja» al oficialismo la aprobación del proyecto de estatización de YPF?

–La UCR abreva en la misma vertiente nacionalista, nunca renegó de lo que después de Arturo Frondizi hizo Arturo Illia (este último anuló los contratos petroleros firmados por su antecesor).

–Sin embargo, durante la gestión de Fernando de la Rúa en ningún momento se planteó la reestatización petrolera.

–En ese momento el gobierno estuvo orientado por gente que, por el contrario, estaba de acuerdo con la privatización (incluso se renovaron las concesiones). Pero la conducción, el núcleo del partido radical, está de acuerdo con la nacionalización.

El radicalismo, «perdido»

–¿El radicalismo se está mimetizando con el gobierno?

–La coincidencia de la UCR con el gobierno en los aspectos sustantivos es casi total. El radicalismo sin ningún problema haría lo mismo que el kirchnerismo en cuanto al cierre de las importaciones, del mercado cambiario. Sólo difiere en el estilo, pero si insiste en discrepar sólo con el estilo está perdido: ¿quién va a elegir al estilo para definir su voto? La UCR está desdibujada como oposición.

–¿Cómo observa a la oposición en su conjunto?

–Desorientada, no tiene iniciativa ni agenda propia.

–Por su posición en cuestiones como AFJP, el campo o YPF, ¿Mauricio Macri es el único líder opositor?

–Sí, pero no es una oposición fuerte salvo en la Ciudad de Buenos Aires. A Macri lo veo con dificultades para construir una organización de alcance nacional, no tiene capacidad operativa en la gente que lo acompaña y, salvo ocasionalmente, carece de aliados estratégicos en las provincias. Es más bien un líder mediático con gestión local.

–De todos modos, ¿Macri podría beneficiarse de lo «tenue» del resto del conglomerado anti-K?

–Puede ser ése el escenario, dado que tanto la UCR como (Hermes) Binner, con fluctuaciones, tienen bastantes coincidencias con el gobierno.

–¿Cuál es su visión acerca de otros potenciales aspirantes al poder?

–Hay una franja a la cual le gusta (Daniel) Scioli, quien sustancialmente no cuestiona nada. Hay algunos gobernadores callados que se pueden destapar, pero ninguno va a confrontar públicamente con Cristina Kirchner.

–¿Por qué el segmento de la sociedad que aspira a una forma de gobernar distinta de la que expresa el kirchnerismo no encuentra un cauce?

–Por una crisis de la dirigencia política opositora parecida a una catástrofe.

Un marco político muy peculiar

–¿A qué se debe que en el sistema político argentino no haya un esquema de centroizquierda y centroderecha definido, como en casi todo el resto del mundo?

–Viene de muy lejos. Acá en el siglo pasado tuvimos un conservadurismo progresista –al igual que en México y Brasil–, luego un radicalismo de clase media con sustento en el sector agropecuario, mientras el socialismo no conseguía echar raíces. Se conformó un cuadro político peculiar, a lo que se sumó el peronismo que es una mezcla de todo.

–¿Por qué los candidatos rehúyen asumirse como de centroderecha?

–Por un lado ello ocurre por la imagen final que quedó del menemismo; por otra parte, la dirigencia de ese sector no genera ningún programa atractivo con propuestas como «Vamos a modernizar al país, a llevarlo al primer plano competitivo del mundo», explicando cómo va a hacerlo y con qué personas.

–¿El electorado opositor no está condicionado por el crecimiento de la economía de estos años y una sociedad que no le da importancia a lo institucional?

–Es así, es un elemento para tomar en cuenta.

–La percepción global de una Argentina populista, ¿en cuánto puede afectarla en el contexto internacional?

–El mundo está acostumbrado al populismo. No me parece terrible ni peculiar.

 

Claudio Rabinovitch crabinovitch@rionegro.com.ar

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