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Don Retamal, el hacedor de barrio Unión

(NOTI-RIO) Raúl Heriberto Retamal Hernández con sus 67 años como intégrate de la junta vecinal del Barrio Unión, continúa trasmitiendo con el ejemplo, compromiso y responsabilidad los compromisos asumidos al momento de “dar la palabra para trabajar dentro o fuera de una institución por el bien de la gente”.

Es habitual verlo al hombre recorrer el barrio, a pie o en su bicicleta “inspeccionando” que todo se encuentre en orden. Atendiendo a vecinos que se le acerca con alguna inquietud o necesidad para gestionarlo a los gobernantes de turno.

Incluso varias veces a la semana se lo puede encontrar golpeando las puertas de las oficinas de los funcionarios buscando repuestas a los pedidos.

Además los domingos desde temprano con una pala, rastrillo y la manguera en mano, camina metro a metro la plaza del barrio, para mantenerla limpia y manteniendo en condiciones los juegos y las plantas que rodena la manzana del espacio público, donde los chicos, como los jóvenes del barrio pasan largas horas de esparcimientos.

“Todo lleva tiempo y trabajo, pero tengo que cumplir con el compromiso asumido. Acá todos los días hay chicos jugando y todo tiene que estar bien arreglado y también enseñándole que tienen que cuidarla porque esto es para ello.” Comenta mientras verifica que las plantas hayan sido regadas.

“La gente me conoce y me puede encontrar en cualquier lugar del barrio, igualmente en mi casa, donde junto a mi esposas estamos los 365 días del año, las 24 horas predispuestos para atender al vecino. Porque al vecino se lo tiene que tratar bien y en lo que pueda darle una mano o ayudarlo a encontrar la solución al problema que tiene en ese momento.” agregó

Don Retamal es de nacionalidad Chilena, y con 19 años llegó a nuestro país en busca de trabajo, que le permitiera ayudar a su grupo familiar que no la estaba pasando bien en su tierra natal.

En la década del 70’, un 12 de octubre,  desde Villa Rica (Chile), sin nada en los bolsillos y con los alimentos justos, acompañado a cuatro amigos, se animaron a la travesía cruzando  la cordillera caminando, que luego de cuatro días y cuatro noche llegaron a Junín de los Andes y desde ese lugar llegó al Alto Valle para trabajar en la época de cosecha.

Por varios años juntaba peso a peso para luego llevárselo a sus padres para ayudarlos a concretar sus proyectos.

Tras algunos días de visita volvía a Río Negro, para trabajar en la poda, y cuando eso no alcanzaba, no tenía problemas de trabajar en la construcción, aserraderos o en changas que le permitieran ganar algún dinero.

Y cuando el trabajo faltaba donde se radicaba provisoriamente, recorría otras localidades para encontrar repuestas. Fue así que paso por todo el Alto Valle, Choele Choel, Conesa y Bahía Blanca, hasta que en el 81, llegó a Río Colorado de donde se radicó definitivamente.

“No me importaba trabajar en lo que sea. Me enfocaba en eso, porque tenía que ayudar a mi familia que no la pasaba bien en Chile. Gastaba lo justo y necesario, para comer o comprarme alguna alpargata o algún pantalón, el resto lo ahorraba para dárselos a mis padres.”

Los viajes de un país al otro se reiteraron por varios años, algunas veces en micro, otras veces a dedo y otras haciendo el trayecto caminando. Hasta que formó su familia, que le hizo replantear su futuro, donde realizaron todos los trámites de la ciudadanía y nacieron parte de los 6 hijos.

En Río Colorado, se instaló en Barrio Unión, el barrio reconocido como “barrio de los Chilenos”.

Construyó su primera casa totalmente de madera en el fondo del patio de un familiar.

Trabajó por décadas en las chacras de la localidad. Al regreso de las tareas que llegaba a las  12 o 14 horas, se hacia un tiempo para dedicarle un espacio a trabajar en la casa de material, la que hoy sigue cobijando al matrimonio y donde se criaron todos los hijos.

La rutina se repitió por décadas, hasta que un accidente en plena cosecha le causara daños en al columna, que le impidió volver al trabajo que realizó gran parte de su vida.

Retamal, trabajo para levantar y reconstruir, sitios emblemáticos del barrio, como caritas, la iglesia, la escuela, la plaza, salón de usos múltiples, para el club del barrio, en el primer puesto policial, con las divisiones inferiores del club y el mejoramiento de un terreno que hoy es la plaza, entre decenas de otras obras.

Dentro de sus tantas anécdotas viviendo en el barrio, recuerda que en 2001 fue convocado para integrar la lista de la junta vecinal, a la que ingresó como primer vocal suplente y con el paso de las semanas comenzaron a renunciar los integrantes, que por el corrimiento de la lista, quedó como presidente.

También dentro del trabajo por el barrio, fue uno de los impulsores de hacer las ramadas Chilena” para festejar la fiesta patria del vecino país.

“Una de las primeras fiesta que hicimos, que duró tres días, nos fue muy bien, pero en ese tiempo la plata que circulaba eran los Lecop, y cuando terminó todo y empezamos a pagar, empezamos a ver que la mayoría de los que teníamos en la mano eran falsos. Al final la recaudaciones terminaron siendo muy poco para tanto trabajo.” Rememoró.

Don Retamal, fue homenajeado con en varias ocasiones dentro de la comunidad, uno de ello es la placa que lleva el nombre del destacamento N° 182 del barrio con el nombre de “Don Raúl Heriberto Retamal.”

“No me gustan los reconocimientos, porque mi granito de arena que puedo aportar para el barrio y para los vecinos, es de corazón sin buscar nada a cambio. En mi familia siempre les enseñe que trabajen con humildad. Que sean honestos y que los compromisos que asuman, lo cumplan haciendo el mayor esfuerzo para no defraudar a las personas que confiaron en uno. Y que trasmitan con el ejemplo los valores de la vida y cuando veamos que los que nos propusimos se termina por concretar, nos podemos sentir satisfecho y homenajeados.” Reflexionó.

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