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A 209 años, un recorrido por el Sarmiento militar

A 209 años del natalicio del «maestro de la Patria», es valioso resaltar una de sus facetas más influyentes aunque poco mencionadas por la historia.­

Se lo recuerda principalmente como el gran educador de la Argentina. También se lo valora como estadista, periodista y escritor. En su rol de político sobresale su papel al frente de la gobernación de San Juan, como senador, ministro y a cargo de la presidencia de la Nación entre 1868 y 1874. Lo cierto es que mucho se ha hablado acerca de las distintas facetas de Domingo Faustino Valentín Sarmiento, pero poco se menciona sobre su desempeño militar, pese al importante peso que este prócer tuvo en dicha esfera

«La cuestión militar encuentra en Sarmiento un protagonista que, más allá de la devoción, polémica, descrédito u homenaje, tanto por su hacer como por sus ideas, ofrece un fecundo material para su reflexión», observa José Luis Speroni, miembro del Instituto Argentino de Historia Militar.­

Speroni divide el influjo del Sarmiento militar en dos grandes ejes: «Por un lado, la vida dedicada a la milicia, como oficial subalterno, oficial jefe y oficial superior, hasta alcanzar el grado de general de división. Por el otro, las contribuciones a la cuestión militar, como presidente, gobernador, legislador, embajador, escritor, historiador, estudioso y hacedor en la problemática militar».­

Dentro de esta última arista se podrían ubicar la fundación del Colegio Militar de la Nación en 1869 y de la Escuela Naval tres años después; sumado a las doscientas veinticinco leyes, decretos y resoluciones firmadas durante sus funciones de gobernador y presidente, todas ellas relacionadas con la cuestión militar.­

En el plano del ejercicio propiamente dicho, Sarmiento participó como militar en dos oportunidades: durante las guerras civiles entre unitarios y federales que se produjeron en San Juan entre 1829 y 1831; así como también, 20 años más tarde, fue una pieza importante en la campaña en el Ejército Grande del General Justo José de Urquiza.­

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PRIMEROS PASOS­

Sarmiento se inicia en la milicia a la temprana edad de 17 años, obligado a servir a la causa federal, cuando es nombrado subteniente de la segunda compañía del batallón de Infantería en San Juan.­

Luego, como teniente, ayudante y capitán se alista por propia voluntad en el ejército unitario comandado por José María Paz, animado por su deseo de contribuir en la organización de una patria que se encontraba convulsionada. Allí es parte de los combates de Niquivil, Pocito y El Pilar.­

En el primero, el papel de Sarmiento será determinante. Se encargará de atravesar los fuegos del enemigo para comunicar la orden al comandante Juan Castro Albarracín de flanquear a los federales por la derecha. Al ser transmitido el mensaje con éxito, será posible dar el golpe que les otorgará a las tropas unitarias la victoria del combate.­

Su desempeño al mando también es un costado de Sarmiento que merece observación. Tal es así que, años más tarde cuando es designado ayudante del Escuadrón de Dragones de la Escolta, se convierte en un ejemplo para sus subalternos y pone todos sus esfuerzos en administrar, instruir y organizar el grupo que le pertenece. ­

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JUNTO A URQUIZA­

Veinte años más tarde, en 1851 y tras su vuelta del exilio en Chile, Sarmiento se reúne con Justo José de Urquiza en Gualeguaychú para acordar unirse a la campaña en el Ejército Grande.­

Pese a su antipatía por las ideas federales, el líder entrerriano reconoce su lucha contra Rosas a lo largo de dos décadas durante el exilio, además de sus antecedentes militares y condiciones especiales para el mando. Por su parte, Sarmiento es consciente de que, uniéndose a la campaña de Urquiza, contribuye a la organización nacional, ya que está seguro de que solo él es capaz de vencer al Gobernador de la Provincia de Buenos Aires

Como Teniente Coronel y oficial de Estado Mayor, la función principal de Sarmiento dentro de la campaña será la de estar a cargo del Boletín del Ejército. Para responder a este cargo, se hará acompañar durante toda la contienda con una pesada imprenta cuyo traslado resultará bastante engorroso. Sin embargo, valdrá la pena en pos de alimentar el espíritu de la tropa. Él mismo, en su libro Campaña en el Ejército Grande, detallará el valor de sus boletines de guerra: «Distrae los ocios del campamento, pone en movimiento a la población, anima al soldado, asusta a Rosas».­

En la batalla de Caseros, contienda final de la campaña de Urquiza, abandonará su función de oficial de Estado Mayor, tomará el sable y, con sus propias manos, se apoderará de la bandera del Cuartel General del Adversario. Por esta acción, el gobierno de Buenos Aires otorgará a Sarmiento el grado de teniente coronel del Ejército de línea

La cuestión militar siempre ha estado muy presente en la vida del prócer sanjuanino. Este 15 de febrero se cumplen 209 años su natalicio. Querido y odiado, poseedor de tanta cantidad de críticos como de admiradores, su presencia en el curso de la historia política, social y también militar de los argentinos es innegable. La influencia de lo militar en su propia vida también. Como dejó plasmado en Vida de Dominguito, reflexionando sobre la partida de su hijo durante la Batalla de Curupaity: «Morir por la Patria es vivir».

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