¿Cómo fue la devaluación de enero de 2014? El contexto actual es peor en casi todas las variables

El 23 de enero de 2014, los entonces ministro de Economía, Axel Kicillof, y presidente del Banco Central, Carlos Fábrega, decidieron convalidar una devaluación brusca del peso de 23%, lo que hizo saltar el tipo de cambio oficial de $6,80 a más de $8. La decisión estaba tomada desde hacía semanas, cuando vieron el atraso que acumulaba el valor del dólar y las distorsiones que se estaban generando. Lo curioso, sin embargo, es que si se compara ese contexto con el actual, la situación era muchísimo más holgada.

Para empezar, las reservas líquidas del Banco Central (las netas sin contar el oro y el dinero del FMI) en enero de ese año eran US$13.180 millones, mucho mejores a las negativas en US$768 millones que hay hoy, según datos de la consultora FMyA, que dirige el economista Fernando Marull.

La brecha cambiaria en ese entonces era del 43%, ya que había un tipo de cambio oficial real (ajustado por inflación a los valores de hoy) de $79 y un contado con liquidación (CCL) de $113. En la actualidad, el tipo de cambio oficial real es $100, mientras que el CCL promedio está $219 y la brecha llega al 118%.

En los meses previos a fines de 2013, además, la devaluación del peso ya se había acelerado y fue de 4% en noviembre y de 6% en diciembre, mientras que en la actualidad, desde que comenzó el año, el Banco Central mantuvo una estrategia de devaluar al 1% mensual, con niveles de inflación arriba del 3%.

En las únicas variables en las cuales el contexto actual es mejor a 2014 es en que el tipo de cambio oficial no está tan atrasado (aunque tiende muy rápido a ese destino con la brecha entre la devaluación mensual y la inflación) y que actualmente hay superávit de la balanza comercial, gracias a las mayores exportaciones del campo por los precios altos de las commodities.

“Hoy hay menos compra de dólar ahorro, menos turismo y menos importaciones de energía. El cepo es más duro y por eso la brecha llega al 118%, cuando en la anterior restricción, el pico fue de 80%”, dice Marull, quien estima que el BCRA intentará endurecer el cepo aún más y “gradualmente” acelerará la devaluación del dólar oficial. “Sigue vigente con 30% de probabilidad el escenario de que el dólar oficial se devalúe al menos 20% durante el verano, ya sea por inacción del Banco Central o por mala praxis del crawling peg [devaluación mensual controlada] acelerado (como enero de 2014)”, dijo en su informe semanal.

El economista Gabriel Caamaño agrega que la situación fiscal también era mejor a fines de 2013, cuando el déficit primario era menor a 1,8% y actualmente está en torno al 4%. “Hay que recordar también que cuando devalúan en 2014, el cupo para comprar dólares al oficial todavía era más alto y estaba menos restringido. El balance del Banco Central también era mejor y no había tantas restricciones a las importaciones. Todo eso se fue deteriorando a partir de mediados de 2014 y durante 2015″, indicó el analista de la consultora Ledesma.

Parafraseando a Karl Marx, quien popularizó una cita que le corresponde a Friedrich Hegel que dice que “la historia ocurre dos veces: la primera como una gran tragedia y la segunda, como una miserable farsa”, Caamaño advierte que repetir la política de 2014 sería peor en este contexto de mayor pobreza e indigencia: “Iríamos a una estanflación, con una dinámica nominal más perversa (inflación más alta) y un nivel socioeconómico muy deteriorado”.

En la consultora EconViews indicaron, por su parte, que “el actual ritmo cansino del tipo de cambio oficial seguramente se mantenga hasta que se presente el anunciado con bombos y platillos plan plurianual en la primera semana de diciembre”.

“Pensamos que luego vendrá un intento de incrementar el ritmo de depreciación oficial. Una depreciación de 4% mensual, algo por encima de la inflación, debería ser consistente con la necesidad de dejar de atrasar el tipo de cambio y revertir la pérdida de reservas internacionales. Sin embargo, este plan de acción tiene una salvedad y es que se necesita de un entendimiento relativamente rápido con el FMI, para que el anclaje de expectativas impida que la inflación recorte la ganancia de competitividad y se sitúe en un nivel muy próximo al de la depreciación oficial”, dice el análisis de economista Andrés Borenstein.

A este punto, Caamaño agrega la importancia de subir las tasas de interés también, porque si se aplica una mayor devaluación mensual sin incentivos por quedarse en pesos, la expectativa de que cada mes subirá el tipo de cambio incentivará una mayor dolarización. “Eso fue lo que pasó a fines de 2013, cuando luego de las elecciones de medio término quisieron corregir el atraso del dólar con tasas de interés negativas. Eso empeoró todo e hizo subir la demanda de divisas, entonces terminaron devaluando más fuerte. Luego Fábrega aplicó una suba de la tasa de interés y comenzó a colocar Lebac [letras del Banco Central] a particulares”, explicó.

Por lo pronto, el ministro de Economía, Martín Guzmán, ratificó el viernes pasado que no van a devaluar. Las opciones alternativas (que serían una devaluación encubierta) son aplicar una suba mayor mensual del dólar oficial acompañado de un aumento en la tasa de interés o un desdoblamiento, en el cual el Gobierno decidiría qué importaciones entran a cada tipo de cambio. En cualquiera de los dos casos habrá una mayor inflación. “Estamos hablando de si nos martillamos un dedo, o un dedo y medio. Todas las alternativas son dolorosas y no serán efectivas si no vienen acompañadas con un plan de estabilización creíble”, concluyó Caamaño.

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