Volver a jugar como antes, la misión de un abogado que hoy es titiritero

(NOTI-RIO) Lugdwin Echeverría era un abogado venezolano que, un día, decidió darle un giro atípico a su carrera. Se quitó el saco, dejó los papeles de lado y simplemente tomó la determinación de no ejercer más como abogado. Pero no solo eso: manos a la obra, sacó a relucir su faceta más artística y se inclinó por el mundo de las marionetas y los juguetes de madera, pensando más en llenarse el alma de felicidad que en otra cosa.

“Esto nos permite aportar un granito de arena para cambiar un poco a este mundo, con alegría y amor. Y a tratar que la familia se vuelva a reunir alrededor de un juguete para divertirse, sacándolos por un rato de tanta tecnología”, explica Lugdwin, que emprende una aventura de tamaño inimaginable pero confía en que su aporte sea clave.

Junto a su esposa Manuela Rivas, también graduada en derecho hace más de una década, decidieron ponerle una pausa a sus carreras e integrarse al teatro de títeres y marionetas “Colibrí” -que tiene 40 años de vida- y recorrer el mundo con el arte contemporáneo. Es así que en cada espectáculo siguen cautivando a todos los que concurren a las distintas presentaciones.

Actualmente, Lugdwin y Manuela están viajando con la obra “El pequeño circo más grande del mundo”, donde las tribunas repletas disfrutan durante 45 minutos de la simpática obra de marionetas, con música que invita a la participación de grandes y de chicos, quienes siguen atentos a cada uno de los personajes del circo.

El público, cautivo ante los distintos recursos que el titiritero emplea en el escenario. Una rutina que lleva por todo el país.


Esta obra nació en 1999, y va mejorando a lo largo de los años a través de la modificación de algunos sketches y de los personajes, que van mostrando un crecimiento. “La obra evoca el circo de antaño, con su carpa, donde los espectadores se enganchan con facilidad y quedan plasmados los valores como la solidaridad, la amistad y el amor”, relata el ex abogado.

La pareja, que tiene dos hijos (Camilo, de 8; y Thiago, de 3), está formada en la tradición familiar de las marionetas y los juguetes de madera; y hace más de tres años que están radicados en Córdoba.

“Soy abogado porque la vida lo quiso así. Soy de Mérida, Venezuela, lugar de referencia universitaria; pero las carreras que me llamaban la atención no estaban y terminé estudiando abogacía. Me recibí en tiempo y forma y tengo dos postgrados, pero mi corazón no estaba completo, porque siempre me gustó el teatro y los títeres de juguetes. Así me incorporé a la agrupación Colibrí, haciendo marionetas para otras personas”, comenta Lugdwin, apodado “Lupi”.

Algunas de las marionetas que Lugdwin utiliza en sus shows son un salto a la nostalgia.


No solo eso: “Poco a poco, todo ese trabajo hizo retornar las emociones. Me volví a enamorar de este arte, porque es bellísimo ver la ilusión en otra gente al soñar con cada espectáculo; y termine colgando el título de abogado para dedicarme a los juguetes de madera” resumió el hombre.

Desde 2008 recorren Argentina. Este sacrificado oficio les permitió conocer prácticamente todo el país, cosechando el amor de la gente. “Podemos recorrer el mundo, no como turistas, sino enseñando un trabajo donde te reciben con mucho amor y te invitan a sus casas a comer desde un plato de fideos hasta un asado. Es impresionante la forma de socializar que tiene la Argentina”, afirma Lupi.


Una escuela para crear muñecos de madera



La pareja sigue apostando a la autogestión, poniendo todo el empeño en vivir de su trabajo y sobre el escenario. Y a pesar de que extrañan su tierra natal -por sus comidas, amigos y familiares-, tiene pensado seguir en Argentina al menos por los próximos 4 años. ¿Algo más? Sí, están a punto de montar una escuela itinerante para la creación de muñecos de maderas.

“Con la rica experiencia que cosechamos estos años, nuestro proyecto ahora es poner en marcha la primera escuela lúdica del juguete de madera, con talleres para ir de un lugar a otro enseñando a hacer muñecos de madera”, explica el profesional, al tiempo que asegura que “vamos a enseñar este oficio para hacer todo tipo de juguetes de madera, lo que permitirá a los que quieran tener un oficio que los ayude a encontrar una solución económica. Y si lo unimos a la realidad actual, donde la tecnología absorbe el tiempo de todos, podremos aportar un granito de arena para que la familia se reúna a compartir y jugar con juguetes tradicionales”.

Según afirma Lugdwin, “creemos que si se suman más juguetólogos podremos volver a revivir la forma en que jugaban nuestros abuelos o nuestros padres, con un balero, un yoyo o los trompos de maderas, cosas que hoy la gran mayoría de los chicos desconocen porque esos juguetes se dejaron de lado.”


Además, asegura que “si a los chicos le aportamos estos tipos de juguetes que son creados por ellos mismos, seguramente va a existir una interacción entre los grandes y los pequeños, para enseñar a jugar entre el grupo familiar. Así se desprenderían por un rato de tanta tecnología, con una sociedad que está atrapada”.

Los materiales hoy se pueden encontrar en plena calle: “podemos ver pallets de madera tirados en la vía pública, que son usados para hacer un pollo al disco. La idea es que se pueda trabajar con materiales reciclados o maderas de cada zona”, cuenta Lupi; que señala en su paso por Las Grutas que “acá hay muchos artesanos que venden sus producciones… ¿Cómo una persona o una familia que fabrica lindos juguetes de madera no los va a poder vender en los centros turísticos?”.

Para el cierre, Lugdwin explica que la idea de la escuela lúdica es mostrar que los juguetes de maderas pueden ser una alternativa para pequeños emprendimientos, y que además servirá para desempolvar la imaginación en la creación de cada pieza, piezas que serán únicas. Y, lógicamente, lograr que se vuelva a jugar con estos juguetes, rescatando los valores de la tradición.


¿Se puede ganar como un abogado trabajando de titiritero?



“Yo estoy en Argentina desde hace tres años y he visto lo que se gana trabajando de abogado por hacer cualquier gestión, y es impresionante. Jamás, jamás se puede acercar a lo que gana un titiritero; pero con este arte la felicidad es plena. Y si te organizas, se puede vivir dignamente con esta profesión. El cambio de abogado a titiritero fue impresionante, no nos sobra mucho y la diferencia económica es grande; pero a nivel de espiritualidad y tranquilidad es impagable”, comenta Lugdwin.


El profesional remarca las bondades que tiene este país con el arte: “No me canso de repetir, ustedes tienen un nivel muy elevado con la cultura, algo que no se ve en otras partes del mundo. Y creo que no se dan cuenta. Hoy estamos trabajando en Río Negro y ustedes tienen en General Roca una impresionante universidad de arte, es una cosa espectacular, me atrevería a decir que es única en el mundo. También es increíble que en Buenos Aires tengan la Universidad del Payaso, eso demuestra que tienen un gran respeto a la profesión de artista”, relata con emoción.

Por último, Lugdwin añade que “hemos presentado obras en villas y recibimos el mismo amor que en los lugares más pudientes, eso te demuestra que la cultura está en todo el pueblo y nos hace sentir respetados y valorados por este oficio”.

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